El papel de la ciberseguridad en la transformación digital
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El papel de la ciberseguridad en la transformación digital

El papel de la ciberseguridad en la transformación digital

(Texto elaborado por Francisco Pérez Bes, Socio de Derecho Digital de Ecix Group y Vocal de la Junta Directiva de Arco Atlántico de Ciberseguridad y Entorno Digital).

 

Una de las principales preocupaciones que ocupan a la mayor parte de los Gobiernos de todo el mundo tiene que ver con aprovechar las oportunidades económicas y sociales que ofrece la digitalización y, en particular, con mejorar la transformación digital de la economía, especialmente la de las pequeñas y medianas empresas, que forman parte de este nuevo ecosistema dominado por la explotación de los datos y la inteligencia artificial.

Con tal de regular estas nuevas situaciones, la Comisión Europea ha estado trabajando en la elaboración de un haz normativo que, en breve, resultará de aplicación a este nuevo mundo digital. Nos referimos, entre otras, a la Ley de Servicios Digitales, a la Ley de Inteligencia Artificial, o a la Ley de Gobernanza de Datos. Aunque podemos citar otras normas que, de igual manera, coadyuvarán a transformar este ecosistema digital, como pueden ser, en ciberseguridad, la Directivas NIS2, el Reglamento DORA, el Reglamento ePrivacy, el Reglamento eIDAS2, o un nuevo Reglamento General de Protección de Datos.

Fruto de esta preocupación, la Presidencia eslovena solicitó la elaboración de un Dictamen exploratorio en el que se abordara la postura del Comité Económico y Social, que se publicó recientemente bajo el número 2021/C 374/02, y donde destaca el planteamiento del CESE respecto a cómo debe abordarse el tema de la inteligencia artificial centrada en el ser humano (“human centric”).

Y es que resulta innegable que, durante la actual pandemia, el ser humano se ha dado cuenta que el teletrabajo va a seguir implantado en gran medida en las empresas, a la vez que se hace necesario entender que los modelos de negocio digitales van a contribuir cada vez más a dar forma al mundo laboral.

Y dentro de este entorno, conviene destacar que los nuevos modelos de interactuación digital deben diseñarse de tal forma que se orienten hacia las personas y los valores. Dentro de este enfoque, por ejemplo, cobra una especial relevancia el poder garantizar la inclusión digital de los grupos especialmente vulnerables.

Desde una perspectiva económica, los datos de la Unión Europea revelan que hay una previsión de que los beneficios de un mercado único digital completo en este territorio aporten 415.000 millones de euros anuales a la capacidad económica de la Unión.

En relación con este extremo, el citado Dictamen del CESE afirma que si bien la transformación digital conlleva importantes oportunidades para las empresas de toda la UE, muchas de estas no solo se enfrentan a un enorme grado de inseguridad jurídica en sus actividades transfronterizas, sino que también corren un riesgo importante de quedarse relegadas debido a la falta de acceso o de recursos de inversión, así como a la falta de competencias, que es lo que les ocurre a muchas pymes en general y que afecta a las microempresas en particular.

En este sentido, se considera que una de las claves del éxito de un mercado único digital europeo será la apertura a la tecnología en la regulación de nuevos modelos de negocio y aplicaciones digitales, como la inteligencia artificial, y el acceso a los fondos para la innovación.

Lógicamente, toda esta transformación digital debe venir acompañada por una adecuada inversión en ciberseguridad, pues sólo de esta forma puede garantizarse una correcta evolución económica y social. De lo contrario, las empresas no sólo sufrirán inseguridad jurídica, sino que las cada vez más habituales y complejas ciberamenazas tendrán la capacidad de interrumpir las actividades empresariales, provocando graves problemas a los ciudadanos, y causando enormes daños a las empresas en particular y a la sociedad en general.

Por eso puede concluirse que, al igual que ocurrió hace unos años, la ciberseguridad se torna en elemento indispensable de la digitalización, enfrentándose a nuevos retos, cada vez más complejos técnicamente (caso de la Inteligencia Artificial o las tecnologías cuánticas) y donde el ser humano debe asumir un rol protagonista.

 
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